Guía completa de estrategias para recolocar fragmentos extraídos en su posición correcta dentro de un texto.
Lee el texto entero sin detenerte en los huecos. No intentes rellenarlos todavía. El objetivo es entender de qué trata el texto y cómo está organizado (argumentativo, narrativo, expositivo…).
Presta atención a las ideas principales de cada párrafo: ¿qué se dice antes del hueco? ¿qué viene después?
Antes de mirar los fragmentos, reflexiona sobre qué tipo de información esperarías: ¿una causa? ¿una consecuencia? ¿un ejemplo? ¿una contraargumentación?
Fíjate en las palabras clave inmediatamente antes y después del hueco: sustantivos, verbos, pronombres y conectores son las pistas más fiables.
Los conectores te dicen cómo se relacionan las ideas. Son pistas muy potentes tanto en el cuerpo del texto como al inicio de los fragmentos.
Si un fragmento empieza con "Sin embargo", debe ir después de una idea con la que contrasta. Si empieza con "Por ello", la causa debe estar en el párrafo anterior.
Los textos bien escritos evitan la repetición usando sinónimos, pronombres y expresiones referenciales. Estas son pistas muy potentes.
Si en el fragmento aparece "este fenómeno" o "estas cifras", antes del hueco debe haberse mencionado ese fenómeno o esos datos explícitamente.
Las dos opciones distractoras tratan el mismo tema que el texto pero no encajan en ningún hueco de forma precisa. Muchas veces parecen posibles a primera vista.
Si dudas entre dos fragmentos para el mismo hueco, busca el que encaje con mayor precisión gramatical y semántica. No basta con que "suene bien".
Una vez colocados todos los fragmentos, lee el texto completo con tus respuestas insertadas. Debe leerse con fluidez y lógica de principio a fin.
Gestiona bien el tiempo: no dediques más de 12-14 minutos a esta tarea para tener margen en el resto de la prueba.
Selecciona un hueco en el texto pulsando sobre él, luego elige la opción correspondiente. Cuando hayas rellenado los seis huecos, pulsa Comprobar.
Durante los últimos veinte años, las ciudades de todo el mundo han adoptado tecnologías digitales con una velocidad sin precedentes. Sensores en calles y edificios, redes de datos en tiempo real y plataformas de gestión centralizada han transformado radicalmente la manera en que los municipios administran sus recursos. [Hueco 1] Este nuevo paradigma recibe el nombre de «ciudad inteligente» y, según sus defensores, promete hacer la vida urbana más eficiente, sostenible y cómoda.
Los beneficios más visibles tienen que ver con la movilidad. Los sistemas de transporte público conectados a aplicaciones móviles permiten a los ciudadanos planificar sus desplazamientos en tiempo real, reduciendo los tiempos de espera y el uso del vehículo privado. [Hueco 2] En ciudades como Singapur o Helsinki, la integración de todos los modos de transporte en una única plataforma digital ha logrado que el coche particular deje de ser una necesidad para la mayoría de sus habitantes.
La gestión energética es otra de las áreas donde la tecnología está marcando la diferencia. Las redes eléctricas inteligentes, conocidas como smart grids, ajustan automáticamente la distribución de electricidad en función de la demanda real de cada zona. [Hueco 3] Algunas ciudades han conseguido reducir su consumo energético hasta en un treinta por ciento gracias a este tipo de soluciones.
No obstante, el modelo de ciudad inteligente no está exento de críticas. La principal objeción se refiere a la privacidad: la recogida masiva de datos sobre los movimientos y hábitos de los ciudadanos genera inquietud entre los defensores de los derechos civiles. [Hueco 4] La pregunta que muchos se formulan es si esta vigilancia permanente es un precio aceptable por las mejoras en la calidad de vida.
A estas preocupaciones se suma la cuestión de la equidad digital. No todos los ciudadanos tienen el mismo acceso a las tecnologías que sustentan estas ciudades, lo que puede acentuar las desigualdades existentes. [Hueco 5] Si las infraestructuras inteligentes benefician solo a quienes pueden permitírselas, el concepto de ciudad para todos quedaría vacío de contenido.
En definitiva, la ciudad inteligente representa tanto una oportunidad extraordinaria como un desafío de primera magnitud. Aprovechar sus ventajas sin reproducir ni ampliar las injusticias ya existentes exige una gobernanza rigurosa, participación ciudadana real y marcos regulatorios sólidos. [Hueco 6] La tecnología, en última instancia, no es ni buena ni mala: depende enteramente de las decisiones políticas y sociales que la acompañen.
Conocer la función de cada conector te permite anticipar qué tipo de fragmento necesita cada hueco.